"El fascismo irrumpe de nuevo en el fútbol" por José Luis Pérez Triviño

En los últimos días del año 2013 han saltado a los medios de comunicación deportivos dos noticias con un sesgo parecido: la realización por parte de futbolistas de gestos marcadamente fascistas y/o antisemitas durante la celebración de un partido. En el primer caso, fue el jugador croata Josip Simunic el protagonista. El pasado 19 de noviembre durante el transcurso del partido Croacia-Islandia disputado en Zagreb, el defensa croata incitó al público presente en el estadio Maksimir a corear un conocido lema, ”Za dom" ("Por el hogar”), que fue repetido tres veces por el micrófono del estadio con una mano levantada, mientras que el público respondió "Spremni" ("listos"). Para los legos en la historia croata, este lema era uno de los saludos de los “ustachis" (los fascistas pronazis croatas) que entre 1941 y 1945 lideraron el "Estado Independiente Croata” bajo la tutela de la Alemania hitleriana y donde se llevaron a cabo matanzas de judíos, serbios, gitanos y disidentes políticos.

La FIFA corroboró esa información y en virtud de ello, la Comisión Disciplinaria ha suspendido durante diez encuentros oficiales a Simunic por "conducta discriminatoria y antideportiva”. La sanción impedirá a Simunic estar con su selección en Brasil, ya que la cita mundialista es la primera competición oficial que disputará Croacia, que logró su clasificación en esa eliminatoria contra los islandeses. Además, se le prohíbe el acceso a los estadios en esos diez partidos y se le multa con 30.000 euros. La FIFA ha considerado que el citado saludo es "discriminatorio" y "ofende la dignidad de un grupo de personas por razón, entre otras, de su raza, religión o lugar de nacimiento, lo que representa una clara infracción del art. 58, apdo. 1a) del Código Disciplinario" del organismo.

El segundo caso ha tenido más repercusión debido a que el protagonismo ha recaído en Nicholas Anelka, un futbolista mucho más famoso y con una amplia y dilatada trayectoria futbolística en clubes franceses, españoles e ingleses. Por otro lado, la acción que llevó a cabo dicho jugador, francés y además de piel negra, tuvo lugar en la cuna de las tradiciones democráticas europeas, Inglaterra. En este caso, Anelka, jugador del club británico West Bromwich Albion, festejó sobre el campo de juego su primer gol de la temporada realizando la denominada “quenelle” (gesto consistente en extender un brazo hacia el suelo y cruzar la mano contraria sobre el hombro) un saludo inventado por Dieudonné M’bala M’bala, un famoso y controvertido humorista en el país vecino. Y señalo controvertido porque según algunos es un antisistema, pero en opinión de otros, destaca más bien por antisemitismo. De hecho, algunas asociaciones de izquierdas sospechan que en la “quenelle” hay una alusión al saludo nazi. Para entender el significado del gesto hay que tener en cuenta que Dieudonné se ha hecho merecedor de fama antisemita por frases como ésta: “Cuando oigo hablar a Patrick Cohen (un periodista judío) pienso: las cámaras de gas… qué lástima” o por el hecho de que su cuarto hijo esté apadrinado por Jean Marie Le Pen.

La polémica desatada por el gesto de Anelka ha sido notable en toda Europa pues su discutible saludo ha aparecido en todos los medios de comunicación. Pero en especial, el debate más áspero ha surgido en Francia lanzándose duras acusaciones contra el futbolista y contra el humorista. Respecto a éste último han sido varias las autoridades que se han expresado críticamente como la ministra de deporte que ha abierto un expediente o el ministro francés del Interior, Manuel Valls, quien señaló su voluntad de “romper (…) la mecánica del odio” del popular cómico, para lo cual está examinando “de forma detenida todas las vías jurídicas que permitan prohibir unas reuniones públicas que ya no pertenecen a la dimensión creativa”.

En lo que concierne a Anelka, éste ha tratado de responder rápidamente a la polémica suscitada señalando que su intención no era ofender a nadie y que él no es de forma alguna ni antisemita ni racista. La realización del gesto respondía simplemente a una actitud antisistema.

No deja de sorprender que las enseñanzas del Holocausto hayan parecido caer en saco roto. La muerte de seis millones de judíos y de otros individuos que pertenecían a otras minorías (eslavos, homosexuales, gitanos, testigos de Jehová) por parte de los nazis despertó en la conciencia mundial y europea en especial la necesidad de establecer medidas tendentes a extirpar cualquier atisbo de creencias racistas. Medidas educativas hasta penales han sido incorporadas para luchar contra aquellos que expanden creencias que pueden poner en peligro la convivencia social y en especial, la seguridad de los grupos minoritarios víctimas de los ataques xenófobos. Pero una agria sensación de desazón nos recorre cuando vemos que los rescoldos del fascismo en lugar de apagarse, parecen extenderse con más fuerza que nunca desde el fin de la Segunda Guerra Mundial. Y que gestos xenófobos tengan lugar en el ámbito del deporte es todavía más sangrante si tenemos en cuenta los orígenes y el fundamento moral con que aquél surgió a finales del siglo XIX. Las autoridades deportivas han tomado conciencia de este problema y han promovido campañas contra el racismo, la xenofobia y en favor del respeto por el fair play (“RESPECT” y otras) pero desgraciadamente están lejos de tener el éxito deseado.

Por eso quizá sería interesante poner en práctica nuevas medidas. Una de ellas aunque parezca objeto de la ciencia ficción podría ser la ideada por un grupo de científicos que gracias a un programa de realidad virtual convierten al sujeto del experimento en un “avatar”. Con un casco especial dotado de una cámara que retransmite en tiempo real los movimientos del sujeto, se crea la ilusión de estar viéndose uno a sí mismo. La particularidad del experimento es que el sujeto pasa a ser de otra raza distinta a la suya. De esa manera, el color de su piel y el pelo cambian. El experimento continúa con el sujeto cruzándose con individuos (virtuales) de otras razas, produciéndose entonces interacciones nunca experimentadas por el sujeto al estar investido de otra “raza”.

Lo interesante del experimento es que tras la experiencia, los sujetos muestran un cambio sustancial en sus actitudes interpersonales negativas, en especial, la variante racista, reduciéndose ésta cualitativamente. Y con la posibilidad de experimentar en los zapatos (en este caso en un casco) de un sujeto víctima del racismo hay esperanzas de que estas actitudes discriminatorias puedan, sino desaparecer, al menos mitigarse. No estaría mal que la FIFA, la UEFA, las federaciones nacionales o las asociaciones de clubes se interesaran por este experimento y que lo aplicaran a algunos futbolistas para ver si de una vez entienden realmente que no hay razas, sino solo una raza de la que todos los seres humanos formamos parte.

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