"El fantasma de Rebeca" por José Luis Pérez Triviño

A semejanza de lo que le ocurría a Joan Fontaine en Rebeca, la famosa película de Alfred Hitchcock, el Tata Martino tiene que trabajar en su Manderley particular: bajo el amenazador fantasma de Guardiola. Para desgracia del rosarino, su sombra pende sobre las valoraciones que se realizan sobre su desempeño en el banquillo barcelonista. Dicha circunstancia dificulta que su trabajo pueda desarrollarse de manera normal y que pueda recibir un juicio objetivo. En efecto, o bien continúa la obra de Guardiola, o bien puede verse tentado a dejar impronta cambiando de estilo de juego. En el primer caso, su decisión haría superficial su contribución como estratega, pues entonces, los éxitos serían deudores del anterior diseño. En el segundo supuesto, supondría contradecir la marca con la que el Barcelona se ha convertido en un referente futbolístico mundial. Rebeca nos sirve interesantes puntos en común para entender la desazón casi trágica en la que se encuentra el Tata. En la película hay dos etapas claramente diferenciadas: la del enamoramiento y la llegada a Manderley. En la primera, surge el amor entre los protagonistas, la joven dama de compañía (Joan Fontaine) y el aristócrata viudo Maximilian de Winter (Laurence Olivier), cuando se conocen en la Costa Azul y se casan rápidamente. Algo parecido debió experimentar Sandro Rosell al conocer la fulgurante trayectoria del Tata. Martino fue un exquisito centrocampista de Newell's Old Boys antes de ser entrenador. Al colgar las botas, tuvo una exitosa carrera como técnico en Paraguay para volver a su ex equipo y hacerlo campeón. La segunda parte de la película es bien distinta. Al llegar a la residencia de Maximilian, la mansión Manderley, la protagonista descubrirá el imponente peso que todavía tiene en dicha casa y en sus moradores la figura de la primera esposa, Rebeca, fallecida misteriosamente. Las comparaciones son continuas y en ellas, la joven dama siempre sale perdiendo. Es más, poco a poco el ama de llaves empieza a verla como una usurpadora, como un pálido reflejo de la que fue la verdadera señora De Winter. Ello redunda en que la protagonista entre en un estado de duda que le impide relacionarse con normalidad con el entorno, y principalmente con su marido. Algo similar parece estarle ocurriendo al Tata. Pronto debió descubrir que el ex presidente Rosell quería encontrar en él la réplica de Guardiola, como Maximilian quería sustituir a Rebeca por la joven dama de compañía. Además de experimentar la presión de un club ganador como el Barça, debió sentir como amenaza el recuerdo de Guardiola. Su imagen es tan inmensa y está todavía tan presente en la conciencia barcelonista que Martino rápidamente constataría las dificultades que ello supondría para encajar en el complejo molde que es el Barça. Y es que como le sucedía a la joven esposa respecto de Rebeca, las comparaciones entre Martino y Guardiola siempre son desfavorables para el argentino. Guardiola ha sido y es un personaje de un considerable carisma por su cuidado porte elegante, por conectar con una gran parte del aficionado barcelonista al hacer explícitas sus convicciones políticas de corte catalanista, y porque, además, ha sabido vender una imagen cosmopolita e intelectual. Frente a ello, Martino, cuyo nombre poca gente conoce, como también ocurre con la joven dama de compañía, extrafutbolísticamente no aporta ningún valor añadido, ni tan solo alguna de las virtudes características de los entrenadores argentinos como Menotti o Valdano: la capacidad de seducción. Ni siquiera logrará contribuir al mundo de la moda como sí hizo Joan Fontaine al extender el uso de las rebecas. Y es que será difícil que las americanas de Martino lleguen nunca a marcar estilo.

Publicado en El Mundo

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