"El Barça y la realidad de las transferencias internacionales de jugadores menores de edad" por José

Publicado en El Periódico 3/4/2014

El Barça y la realidad de las transferencias internacionales de jugadores menores de edad La sanción al FC Barcelona que hizo pública ayer la Comisión Disciplinaria de la FIFA por infracciones relacionadas con el traspaso de jugadores menores de 18 años debe enmarcarse en la lucha contra una lacra del fútbol contemporáneo: el tráfico de niños futbolistas. Los clubes europeos llevan tiempo dedicándose a “pescar” en países africanos y sudamericanos futuras estrellas futbolísticas. En esas sociedades, muchas de ellas empobrecidas, los niños ven en el fútbol no solo un sueño de realización personal y de éxito social, sino un medio para garantizar su supervivencia. Aprovechándose de esa necesidad acuciante, en los últimos años agentes, representantes y los propios clubes se han lanzado con un ánimo de beneficio voraz a la caza de jóvenes promesas. Esta práctica, en realidad, se ha convertido en un drama de enormes proporciones dado que son muchísimos más los niños o jóvenes futbolistas que fracasan que los que triunfan en su deambular por los distintos equipos en los que son probados. Hablar de “tráfico de menores” no es entonces, una simple metáfora, sino una descripción verosímil, ya que la realidad que les espera a estos jóvenes que no logran triunfar es peor que incierta. Más allá de la evidente instrumentalización que se lleva a cabo respecto de individuos que están en una situación desesperada, la principal consecuencia de estas transferencias fallidas es que los menores se quedan sin recursos económicos, sin familia y sin otros apoyos en una sociedad desconocida y en la que apenas pueden comunicarse. De ahí que la FIFA y otras instituciones deportivas lleven varios años empeñados en perseguir este tráfico cruel e inhumano. El Reglamento sobre el Estatuto y la Transferencia de Jugadores, y en concreto, su artículo 19 es el instrumento para evitar esta situación. Para ello se trata de garantizar, entre otras cosas, que el menor viaje a Europa con su familia y que los padres puedan tener un contrato de trabajo que no les haga depender del sueldo del menor. Obviamente, tales normas (y sus sanciones) se aplican a todos por igual, sea un club grande o pequeño. Y de hecho, no es el Barça el primer club poderoso que las sufre. En el pasado también fueron sancionados el Chelsea y el Nantes. Se podría objetar a estas limitaciones a los traspasos de este tipo particular de jugadores que las condiciones de vida que un club como el FC Barcelona puede ofrecer a esos jóvenes es mucho mejor que la que tendrían en sus propios países de origen.¿Por qué entonces poner trabas a un progreso del nivel de vida de estos menores? La respuesta es simple: no todos los clubes que llevan a cabo estas transferencias de dudosa moralidad tienen una “Masía” donde cuidar, formar y educar a esos menores. Es probable también que la FIFA haya adoptado esta medida tan severa y de impacto mundial innegable con fines ejemplarizantes, aprovechando que el Barça es un referente global. Así otros clubes (agentes y representantes de jugadores) se lo pensarán dos veces antes de proceder laxamente a este tipo de transferencias. Pero más allá de esta consideración, si los hechos por los que se sanciona al Barça son ciertos, la condena no dejaría de ser sangrante para un club que en los últimos años ha querido (y llegado a ser) un modelo deportivo, y también un ideal de gestión ética en el que se han fijado instituciones deportivas de todas partes. ¿Se imaginan que la sanción hubiera recaído llevando los jugadores del Barça la publicidad de UNICEF? José Luis Pérez Triviño Profesor Titular de Filosofía del Derecho. Universitat Pompeu Fabra Presidente de la “Asociación Española de Filosofía del Deporte”

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