"La esencia del deporte y los equipos B" por José Luis Pérez Triviño

27 Apr 2014

Publicado en Palabra de fútbol

 

En una demostración más de su carácter extravagante José Mourinho ha avanzado que la próxima jornada jugará con un equipo B en su enfrentamiento contra el Liverpool. La razón de tan extraña decisión en un entrenador tan competitivo es reservar a varios jugadores titulares para el partido del martes próximo contra el Atlético de Madrid en la Champions League, competición a la que otorga mucha más importancia que el campeonato liguero inglés dada las escasas posibilidades que tiene el Chelsea de ganarlo. Tal opción viene avalada por la circunstancia la Premier League no contempla ningún tipo de sanción jurídica para este tipo de alineaciones. Por otro lado, parece ser que Mourinho consultó la decisión con los dirigentes del club y éstos no le pusieron ninguna traba.

 

Esta actitud por parte de un equipo de salir a un terreno de juego con un ánimo lejano al deseo de ganar no es novedosa en el mundo del deporte. Por ejemplo, en los últimos Juegos Olímpicos los equipos de bádminton de China, Corea del Sur e Indonesia disputaron varios enfrentamientos sin ánimo de ganar. Pero a diferencia de la actitud pasiva que prevé la Premier League, el COI los descalificó por contradecir el espíritu olímpico.

 

¿Por qué se responde de dos formas opuestas al mismo problema? La clave quizá estriba en que en el deporte existen dos principios que no siempre reman en la misma dirección. Por un lado, el espíritu propio del deporte supone que los deportistas deben desplegar sus habilidades físicas dando lo mejor de uno mismo. Esto es precisamente el verdadero espíritu de la deportividad que ensalzó el barón de Coubertain con el lema “altius, citius, fortius" Pero por otro lado, el deporte, y más el fútbol profesional, está íntimamente vinculado a la competitividad y al deseo de obtener la victoria. Una parte importante de la parafernalia deportiva, consiste en reconocer y premiar al vencedor, con un ramo de laurel, una copa o una medalla. En el fútbol profesional, además están los notorios intereses económicos. Y vinculado al deseo de obtener la victoria está la posibilidad de diseñar estrategias para llegar al momento decisivo de la competición lo mejor posible, en el caso que nos ocupa, con el mayor número de titulares en perfecto estado físico, aunque para ello, se deba abandonar la exigencia de máximo rendimiento en partidos previos. En efecto, en ocasiones, hay que reservar fuerzas para afrontar una fase posterior del juego o del torneo con las mejor disposición física posible. Vistos estos aspectos centrales, pero contradictorios del deporte, ofrecer una respuesta general para todos los casos no parece fácil. En algunos casos, sancionar esas estrategias perdedoras puede ser reflejo de un ánimo moralista poco justificable. Si las autoridades deportivas fueran tan exigentes con el espíritu deportivo entonces tendrán que empezar a pensar si descalificar a todos los deportistas que en su ámbito privado no hagan todo lo posible para llegar a la competición en las mejores condiciones físicas. Valga un ejemplo, en una entrevista el esquiador italiano Alberto Tomba decía lo siguiente acerca de su participación en unos Juegos Olímpicos de invierno: "Solía tener noches salvajes con tres mujeres hasta las 5 de la madrugada, pero me estoy haciendo viejo. En la villa olímpica, estaré con 5 mujeres, pero solo hasta las 3 de la madrugada”. Si coincidimos que esa no es la mejor forma de llegar en plenitud de facultades físicas a una prueba olímpica, ¿habría que haberlo sancionado?

 

Pero por otro lado, en aquellas circunstancias en las que esa actitud perdedora pueda tener consecuencias sobre terceros equipos implicados ya sea en la lucha por un título o para evitar un descenso, parece que hay razones para imponer medidas que disuadan a los entrenadores de poner en el terreno de juego un equipo B. En cualquier caso y volviendo al caso concreto de Mourinho, habría que recordarle las palabras que dirigió al fallecido Manolo Preciado cuando era entrenador del Sporting de Gijón, acusándolo de haberse dejado perder un partido contra el FC Barcelona dado que consideraba imposible que pudiera obtener un resultado favorable. Pero quizá esa recriminación sea otra vez muestra de la mentalidad estratégica del entrenador portugués. Su única visión del fútbol.

 

José Luis Pérez Triviño

Profesor titular de Filosofía del Derecho.

Presidente de la Asociación Española de Filosofía del Deporte

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