"La doble cara de los Mundiales" por José Luis Pérez Triviño

La doble cara de los Mundiales, 13/6/2014. “El Periódico"

La doble cara de los MundialesSi me preguntaran qué significa para mi la Copa del Mundo, o como coloquialmente la conocíamos y todavía nos referimos a ella, los Mundiales, tendría dos tipos de respuestas. La primera, más emocional y espontánea, y en algún sentido ingenua. La segunda, más reflexionada, más crítica y definitivamente, cáustica.

En efecto, en una respuesta más emocional, los Mundiales son para mí, retrotraerme a la infancia, al grupo de amigos que contábamos los días previos a su comienzo, a las apuestas por saberse las alineaciones de cada selección, las sedes y los estadios, y al seguimiento ilusionado de los partidos en una televisión todavía en blanco y negro.Sin embargo, en un análisis más racional y teniendo en consideración los aspectos deportivos, pero también los económicos, los sociales y los políticos, la conclusión sería muy distinta, si no opuesta.

Desde un punto de vista económico, los Mundiales son en la actualidad, un gran negocio en el que están implicadas grandes multinacionales del deporte, así como también las compañías que esponsorizan a la FIFA y las grandes cadenas de televisión que pugnan por los derechos de retransmisión. Tras los Juegos Olímpicos, la Copa del Mundo es el evento deportivo que más ingresos genera a una entidad deportiva, en este caso, la FIFA. Se calcula que en este Mundial los ingresos llegarán a los cuatro mil millones de dólares. ¿A qué se dedica este dinero? Más allá de las dudas acerca de su uso que, entre otros ha denunciado Maradona, una parte va a parar a las federaciones participantes, las cuales a su vez dedican una porción a primar a los respectivos jugadores. En el caso de España, ha sido especialmente avergonzante conocer que la Federación Española de Fútbol gratificará con 720.000 € a cada jugador en caso de ganar el torneo. Y ¿de dónde obtienen sus fondos algunos miembros de la FIFA? Como se está viendo en estos últimos días en las noticias relativas a la elección de Catar como sede del Mundial de 2022, las sospechas de corruptelas para favorecer en las votaciones a dicho país empiezan a ser demasiado verosímiles.

Desde un punto de vista político, también es discutible que una competición entre Estados sea compatible con el espíritu del deporte, según el cual, éste es básicamente una competición entre individuos, no entre naciones o entes estatales que casi parecen enfrentarse bélicamente. El que en la actualidad los grandes eventos deportivos se hayan desviado de esa idea originaria del deporte ha generado críticas al convertirse en vehículos de expresión del nacionalismo deportivo, y que consecuentemente, sirvan para profundizar en los sentimientos de división entre naciones . Y es que el fútbol es, desde esta perspectiva política, la continuación de la guerra por otros medios.

Por último, desde un punto de vista social y centrándome en este Mundial, también existen dudas acerca de su oportunidad en una sociedad como la brasileña que a pesar de su crecimiento económico reciente sigue albergando enormes bolsas de pobreza y de desigualdad. A falta de ver cómo se desarrollará la competición deportiva, probablemente el Mundial de Brasil sea recordado por las masivas protestas sociales que se han producido como reacción a la caótica gestión económica del campeonato, trufada de ineficiencia, gastos superfluos y difícilmente justificables y por amplias sospechas de corrupción.

Sin embargo, y a pesar de estas valoraciones extradeportivas, todavía la celebración de los Mundiales supone para millones de personas un paréntesis en sus vidas donde apasionarse con el juego y a la vez ahondar los lazos sociales con sus conciudadanos. Y es que retomando la idea inicial de este artículo, los Mundiales constituyen para los aficionados de medio planeta una vuelta a su pasado emocional, a su infancia, pues como decía Rilke, es ahí donde reside la verdadera patria de los seres humanos.

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