"De mordiscos y ceguera: el nacionalismo deportivo en el Mundial" Por J.L. Pérez Triviño

Hay un chiste argentino sobre los españoles, los allí llamados "gallegos", que más o menos, es así: Por la radio bonaerense se escucha un aviso por parte de la policía: "¡Atención!, ¡atención! Se advierte que por la avenida 9 de Julio, hay un boludo que circula en contra dirección". La policía reitera el aviso dados los riesgos de que se produzca un accidente. En eso, el individuo que conduce dicho vehículo en contra dirección, el "gallego", al escuchar la advertencia, comenta para sí mismo: ¿cómo que un boludo?, ¡¡¡Son cientos!!!


Como ya había señalado Freud los chistes son reflejo de procesos psicológicos complejos y en este caso el chiste del gallego pone de manifiesto la dificultad que a veces tenemos de reconocer nuestros propios errores y simultáneamente, la transferencia de éstos a los demás.


Pues algo parecido está ocurriendo con la sociedad uruguaya y su reacción respecto al mordisco del jugador de su selección, Luis Suárez al jugador italiano Chiellini. Donde la mayoría de aficionados ha visto una clara agresión del delantero charrúa, los uruguayos (al menos una gran parte de ellos) se niegan a reconocerlo, o a rebajar su importancia recalcando que se trató de un simple lance del juego, como tantos otros que se producen durante el transcurso de un partido.


Dada esa valoración no es extraño que muchos uruguayos hayan reaccionado furibundamente al conocer la sanción que la FIFA ha impuesto al delantero: nueve partidos internacionales y la prohibición de ejercer cualquier actividad vinculada con el fútbol durante cuatro meses. Por ejemplo, la presidenta del Frente Amplio, Mónica Xavier escribió en su cuenta de Twitter: "Indignante resolución FIFA. Arriba Uruguay. ¡Todos somos Suárez!". Incluso, el presidente de Uruguay, José Mujica, se reunió con su ministra de Deporte, Lilián Kechichián, para analizar la situación, después de que el Gobierno calificara la sanción de "desmedida".


Pero en realidad esta fenómeno de ceguera selectiva que conduce a sospechas conspirativas no es exclusivo de los uruguayos. Estos fenómenos colectivos son propios del tribalismo deportivo que se produce de una manera frecuente en el mundo del fútbol y que lleva a que los aficionados dejen de ver el deporte en términos de una competición de habilidades en la que merece ganar quien más méritos logre para observarlo como un enfrentamiento cuasi bélico entre equipos a los que prestan una adhesión incondicional.


Esta actitud se agrava notoriamente cuando la competición tiene lugar entre selecciones nacionales. Entonces, emergen los sentimientos nacionalistas más profundos e irracionales: lo que pasa a tener relevancia, entonces, es que nuestra selección obtenga la victoria sea como sea. No importa cómo. Transcurrido un tiempo, solo nos acordaremos de los triunfos, no de cómo fueron obtenidos. Por ejemplo, ¿qué italiano recuerda el codazo de Tassoti a Luis Enrique? o ¿qué argentino renegaría del famoso gol con la mano que Maradona marcó a Inglaterra?De hecho, yo no me acuerdo que España haya ganado nunca gracias a una injusticia, a una ayuda arbitral o que algún jugador nuestro haya agredido a un rival. ¿Y ustedes?

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